El riego total que representa un activo para el inversor está comúnmente resumido en la volatilidad de sus instrumentos que cotizan en el mercado, tanto bonos como acciones. Esta es una medida de la frecuencia e intensidad de los cambios del precio de un activo o de su desviación estándar en un horizonte temporal específico.
Esta se expresa en forma anualizada y puede reflejarse tanto en un número absoluto como un porcentaje del valor inicial. Se basa en el modelo de la distribución normal de los rendimientos, en el que el objeto tiene un precio definido como un “paseo aleatorio” cuya volatilidad se incrementa según la raíz cuadrada del tiempo cuando se extiende el lapso de consideración.
Si el instrumento no cotiza pueden usarse otras variables como la volatilidad de sus ingresos, o de sus resultados, pero para eso al menos se debería contar con sus balances para calcularla.
La volatilidad histórica es la que se suele usar para determinar si un activo es riesgoso o no. Los más volátiles, si bien son susceptibles de tener una mayor expectativa de retorno, también pueden tener una mayor caída.
El S&P 500 está dividido en nueve subsectores, de los cuales se asocia a los volátiles a los de consumo discrecional, financieras y tecnológicas así como a los industriales, energía y materiales Básicos.
Por el contrario, los más defensivos o poco riesgosos son los de salud, consumo no discrecional y las empresas de servicios públicos, aunque en cada caso se debería mirar la compañía a la hora de invertir.
En épocas de volatilidad y bajas de mercado, lo que un inversor debería hacer para cubrirse de las turbulencias es rotar la cartera de acciones pertenecientes a los sectores los primeros, por los segundos.
Pero existen otros indicadores de riesgo además de la volatilidad que son más recientes. El más usado y que reemplaza al riesgo país son los Credit Default Swaps (CDS) que miden el spread entre el rendimiento de cualquier emisión de bonos riesgosos con los del Tesoro estadounidense.
En estos son contratos un agente económico realiza desembolsos periódicos – llamado spread - a una contraparte, a cambio de un pago contingente que esta última efectuará en caso de producirse un evento crediticio predeterminado con respecto a la deuda emitida por una entidad de referencia, durante el período pautado.
El spread del CDS se expresa como porcentaje del valor nominal del instrumento financiero en cuestión. Si dos tienen el mismo vencimiento, se considera más probable que entre en default aquel que tiene uno mayor. Este dato es tomado como un acercamiento muy certero del riesgo crediticio.
Los CDS son conceptualmente pólizas de seguro, pero también cumplen con la definición de derivados financieros ya que su valor depende de otro instrumento. Por eso se los definió con el término swap porque no están regulados.
Otro instrumento para medir el riesgo del mercado es el índice VIX ya que muestra la volatilidad implícita de las opciones sobre el índice para un período de 30 días y se calcula tomando el promedio ponderado de la volatilidad implícita de ocho opciones call y puts del S&P 500.
Cuando las Bolsas enfrentan períodos de turbulencias sube y se correlaciona casi perfectamente con las caídas del S&P 500. De esta forma, se convierte en el precio de ese seguro o cobertura, una especie de prima de la póliza o un costo para aquel que lo contrata.
Si el mercado es bajista o los inversores creen que va a caer, cubrirá sus carteras comprando más puts, aumentando su precio y viceversa. En la zona de 15/20% se dan techos o resistencias fuertes y, por el contrario, cuando sobrepasa el 40% se puede hablar de un agotamiento en la tendencia bajista.
Otra alternativa es el TED spread que muestra la diferencia entre las tasas de interés LIBOR de préstamos interbancarios y la tasa que pagan las letras del Tesoro estadounidense (T-bill). Mientras más alto sea, mayor es la desconfianza que tienen los bancos a la hora de prestarse dinero entre ellos.
La diferencia se expresa en puntos básicos: si la tasa de un T-bill es de 5,10% y la Libor es de 5,50%, será de 40 puntos básicos. Si aumenta, es un presagio de problemas en el mercado accionario porque indica que la liquidez ha disminuido y se ha incrementado la desconfianza e incertidumbre en el sistema financiero.
Por último, existe está el Libor OIS spread que es el diferencial entre el tipo de interés oficial y el que se prestan los bancos entre sí. La Libor refleja la tasa a la cual las entidades están dispuestas a prestarse entre sí sin requerir el uso de colaterales.
Mientras, el overnight indexed swap (OIS) es un contrato que implica al final el pago neto entre una tasa de interés fija y el equivalente al interés diario compuesto de una de referencia flotante. En consecuencia, este indicador compara la alternativa de los bancos de financiarse sin emplear colateral (Libor) versus hacerlo a un equivalente cercano a la tasa esperada de política monetaria sin que medie una transacción efectiva de recursos.
El spread Libor-OIS es un nuevo referente para el análisis de las condiciones de liquidez en los mercados financieros que cada vez se está utilizando más.
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