Las medidas más conocidas del riesgo de un activo son su varianza y su desvío estándar. Éstas representan la desviación de la media, odicho de otra manera, cuál es la probabilidad de que los rendimientos esperados se aparten respecto del valor más probable o medio esperado.
Al riesgo que corre un activo en finanzas se lo conoce como volatilidad, que debe entenderse como la “fluctuación” que puede sufrir un activo en el tiempo. Ésta mide la frecuencia e intensidad de los cambios del precio de un activo en un horizonte temporal específico.
Se usa con frecuencia para cuantificar el riesgo, y de ahí su importancia en el mundo de las finanzas. Se debe tener presente que a mayor desviación estándar, más grande será la variabilidad del instrumento y, por lo tanto, también su riesgo. Pero es una medida estadística muy útil siempre y cuando la distribución de probabilidad del rendimiento siga una distribución normal.
La volatilidad es vista, con frecuencia, como negativa dado que representa incertidumbre. Los que la compran lo hacen a través del mercado de opciones financieras, especulando con movimientos en cierta dirección o a través de estrategias que lo beneficien reduciendo el costo o apuntando a oscilaciones bruscas que le den ganancias para cualquiera de los dos lados (si el activo sube o baja).
Pero para los que la venden, el cobro de la prima en el momento de hacerlo implica una entrada segura y efectiva cuando se hace. Representa un resguardo y una manera de adueñarse de un diferencial que se encuentra presente en todos los mercados que utilizan derivados: la volatilidad implícita es superior a la del subyacente, por lo que puede potenciarse el rendimiento, además de asegurarse en el momento de venderla.
Debe tenerse presente que las medidas de rendimiento y riesgo se deben usar en la misma unidad de tiempo. Como el esperado en general es anual, también lo es la volatilidad esperada.
Si bien la desviación estándar es una de las medidas de riesgo más conocidas, no es la única y no siempre es la que mejor predice el riesgo futuro. De hecho, el CAPM no lo utiliza para estudiar estos cambios sino la beta, es decir, su volatilidad relativa al índice en dónde cotiza, no absoluta.
Al vender en lugar de comprar opciones, la volatilidad de una inversión se reduce sensiblemente. Las tasas implícitas de los distintos activos experimentan períodos de altas y bajas y, en algunos momentos, los precios de referencia de las opciones pueden tener volatilidad implícitas altas o bajas en términos relativos (porcentuales) por más que el valor del subyacente sea el mismo.
Los períodos en los que los bonos caen rápidamente son seguidos por otros en los que pierden aún más, o suben de forma inusual en un plazo relativamente corto. En forma contraria, un alza rápida es seguida, con frecuencia, por crecidas o descensos de una amplitud inusual.
Los movimientos extremos son presagiados por otros más amplios de lo usual, aunque es difícil predecir si estos se mueven en la misma dirección, o en la opuesta. Por el contrario, los lapsos de pequeñas variaciones también pueden prolongarse en el tiempo.
Es decir que hay una asimetría en la evolución de la volatilidad, con más períodos de baja volatilidad en donde los mercados suben, es decir que se generan “valles” más frecuentes, y menos tramos en los que es elevada cuando los mercados caen, sobre todo si lo hacen fuerte. Se generan “picos” más raros.
Otro tema a tomar en cuenta es que cuanto más corto es el lapso de tiempo, más alta es la volatilidad efectiva del subyacente y sobre todo la implícita en los derivados, un efecto denominado skewness de la curva, que ofrece a los inversores una ventaja para aprovechar.
Es decir, rinde más, por ejemplo, hacer cuatro estrategias con venta de opciones trimestrales y renovarlas en cada período que cerrar una estrategia a un año plazo. De la misma forma, si es comprador, en este último caso conviene invertir más a largo plazo.
El cálculo del riesgo de un portafolio no es tan sencillo como en el caso del rendimiento, dado que no sólo influye el promedio ponderado de las desviaciones de cada activo, sino que también influye la correlación entre ellos, que permite disminuirlo del total de la cartera.
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