Marc Faber: el inversor que admira a Jesús, Mohammed y Buda
Gustavo Neffa, Sala de Inversión América SUSCRIBIRSE
Entre los principales referentes globales en materia de inversiones de mercado se encuentra Marc Faber, reconocido economista, historiador y analista de economías y activos de inversión. Tal vez para algunos ya sea conocido o asociado a www.GloomBoomDoom.com, ya que es el editor del newsletter The Gloom Boom & Doom Report.
En su publicación mensual, y con argumentos históricos económicos y sociales, Faber intenta alertar a los inversores acerca de diferentes temáticas de inversión que son ampliamente aceptadas y reconocidas pero que se han convertido en activos caros y riesgosos, mientras que la constante búsqueda de oportunidades es el objetivo en mercados deprimidos y fuera del radar. Sus clientes son en su mayoría inversores institucionales o mayoristas que pueden invertir en toda clase de activos en los diferentes mercados.
A modo de ejemplo, Faber fue uno de los pocos pioneros que apostó por los commodities en el año 2002 (en ese año una inversión totalmente relegada), así como por Asia, donde reside porque cree fervientemente que allí está el futuro del mundo.
Faber recomienda que existe regla de inversión que siempre funcione, y que se trata de un mito el hecho de que las acciones siempre suben a largo plazo. Aunque todos saben que hay que comprar barato y vender caro, afirma que el problema con esta regla es que nunca se sabe lo que realmente es "barato" y lo que es "caro". Suele afirmar que “si hubiese una regla de inversión que siempre funcionara, todo el mundo la utilizaría y todos seríamos ricos”.
Por eso la única constante en la historia del mundo es la pirámide de distribución de la riqueza, con unos pocos ricos en la punta de la pirámide y muchos pobres en la base. Faber se inclina a pensar que después de tres años de impresión monetaria desenfrenada para salir de la crisis financiera del 2008 y de los diferentes rescates, las beneficiadas fueron las clases altas a expensas de la clase media trabajadora y el impacto podría ser aún peor teniendo en cuenta la inflación por venir.
En este sentido se observa su lado humano en comparación con otros gurúes de las finanzas mundiales, algo que lo ha caracterizado y diferenciado también. Más allá de que muchos de ellos hagan filantropía con sus propias fortunas, el hecho de pensar con ingredientes sociales lo hace diferente. Faber suele decir que la sociedad de hoy está obsesionada con el dinero pero la mejor inversión para el ser humano es la educación, la calidad del tiempo que se comparte con las personas que se quiere, su propio trabajo y los libros, ya que estos últimos nos presentarán nuevas ideas que nos permitirán ver cosas desde perspectivas muy diferentes.
Aunque cueste creerlo, los inversores más admirados por Faber son Jesús, Mohammed y Buda porque, al no buscar la riqueza material y entendiendo los instintos y necesidades de los humanos, crearon uno de los pocos negocios que han sobrevivido hasta nuestros días: la religión basada en la fe.
Uno de los mitos que Faber intenta derribar es que los activos inmobiliarios siempre suben a largo plazo. Si bien es verdad que los activos inmobiliarios tienden a revalorizarse a largo plazo por el crecimiento demográfico (entre otras variables), hay que considerar los derechos de propiedad. Invertir en el sector inmobiliario en Londres ha sido una excelente inversión en las últimas décadas, pero no podría decirse lo mismo para los indios de los Estados Unidos, los aztecas en México, los incas en Perú y tampoco para personas que vivían en países que se hicieron comunistas durante el siglo XX, todos ellos perdiendo sus inversiones inmobiliarias en el camino.
Otra regla muy peligrosa es la de afirmar que comprar un portafolio de acciones blue-chip y mantenerlas en forma indefinida es una sabia decisión, porque los líderes de hoy quizás no sean los líderes de mañana. ¿Quién no recuerda a empresas como Polaroid, Control Data, Xerox, American Airlines, Eastman Kodak, Memorex, Digital Equipment, Burroughs? Todas ellas brillaron en el pasado, pero hoy desaparecieron. Se encuentran en bancarrota o superadas ampliamente por la competencia.
Otros han escuchando que se debe “comprar cuando haya sangre en la calle”. Faber decía que es verdad que muchas veces las malas noticias son buenos momentos de inversión en un mercado, pero para una estrategia a largo plazo incluso es mejor comprar cuando hay malas noticias que han sido precedidas por una larga serie de malas noticias. Recomendaba no apurarse ante una mala noticia, porque los mercados tardan en ajustar los precios.
Para destacarse frente al resto en materia de retornos, Faber dice que hay que tomar sólo unas pocas decisiones de inversión sobre las que uno haya podido reflexionar en términos de riesgo y retorno y analizado detalladamente. Hacer una buena inversión que se duplique durante el tiempo es como encontrar una aguja en un pajar. Parte de este razonamiento debe complementarse con la incorporación de activos en donde uno tenga una ventaja competitiva, es decir que conozcamos bien como funcionan. En este sentido, comparte la misma filosofía de inversión que Warren Buffet.
Como anécdota, mencionó que Francisco Pizarro ha sido el inversor de más éxito al ocupar Perú (la mayoría de la plata del mundo del siglo XVI se extraía de las minas de Potosí) ya que se necesitaron solamente 168 soldados para conquistarlas.
Respecto a las mejores alternativas de inversión modernas, sus mayores ganancias estuvieron en los mercados de valores de Corea y Taiwán en 1979, Filipinas y Tailandia en 1986, Chile, Argentina, Brasil, Perú en 1988, y opciones de venta (puts) sobre el Nikkei japonés en 1989.
En cambio, entre sus peores inversiones destacan las ventas en descubierto (short) de acciones norteamericanas demasiado pronto y con resultados desastrosos en los años 1999 y 2000.
"Puedo garantizarles que uno puede razonar de maravillas y puede estar en lo cierto, pero solamente el tiempo da la razón, ya que el timing en el mundo de las inversiones es una parte importante del mismo. Si hubiese hecho esas ventas uno o dos años después la suerte habría sido muy diferente", declaró Faber.
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