A veces la parte negativa del ciclo de los mercados es muy persistente, si lo sabrán los agentes bursátiles argentinos. Si uno se centra en las cuatro crisis que el país recibió por la globalización desde 1995 a 1999 hasta que en ese último año tuvo la propia, se ve que todo fue una persistente y continua caída del mercado.
Siempre hay una luz al final del túnel y no es precisamente la de un tren. Luego de tantos años de espera, la Bolsa de Buenos Aires brindó cinco años impresionantes de rendimiento de tres dígitos por año, ubicándose entre 2002 y 2007 entre las más rentables del mundo.
Recuerdo un programa de televisión de la Bolsa en 1995 cuando vimos el piso del Merval famoso del Tequila de 257 puntos, en los momentos previos a la entrevista se escuchaba entre ellos la clásica frase “el último que apague la luz”.
Minutos después, el conductor del ciclo, escuchaba azorado los pronósticos muy alcistas para los próximos tiempos con un mercado que había bajado en tres años desde 900 puntos y luego desde los 740 puntos a los 257 puntos. En off, se escuchó el “Dios te oiga hermano esto no da para más”.
En el mismo momento, en el peor momento del Tequila, marzo de 1995 me contacté con algunos analistas mexicanos enviándoles nuestro pronóstico: veíamos un piso en todo Latinoamérica (México incluido) y proyectábamos una subida del 200% desde 1995 a 1997.
En ese momento un colega me contestó: “Tu análisis es imposible, en este momento Carlos Salinas de Gortari está dejando México y el PRI partido gobernante ha caído en una crisis sin precedentes, es imposible que con estas condiciones el mercado mexicano pueda recuperarse por lo tanto esas proyecciones no tienen una mínima posibilidad de materializarse, o al menos que algún analista lo considere serio.”
Le expliqué que las eclosiones políticas y económicas como habían pasado en el país eran consecuencia del mal humor de los mercados y que en medio del humor social negativo viene la oportunidad del cambio y que la Bolsa era la primera que iba a reaccionar, como efectivamente lo hizo.
En medio de tanta oscuridad y pronósticos agoreros de calificadoras, se produjo la milagrosa reversión del humor de las acciones, y un año después el social en México. Otra vez hubo una luz al final del túnel.
Colombia y Perú han sido países que protagonizaron grandes recuperaciones luego de décadas de guerra contra el narcotráfico el primero, y el segundo en la guerra contra Sendero Luminoso.
En momentos de caos y de tanta oscuridad sobreviene la oportunidad se me viene a la mente el famoso fund manager que había conocido en 1991 en los EEUU, fumando su cigarro con mucha displicencia, y en buen español: “Argentina me ha pagado bien comprando en la guerra de las Malvinas y vendiendo ahora con el anuncio del plan de convertibilidad”.
¿Comprando en medio de la guerra? Luego de años de análisis, la respuesta lamentablemente es sí, ¿qué manifestación de psicología más negativa puede haber que un conflicto bélico? Ninguna.
Cuando los gobernantes hacen creer que la culpa del caos la tiene un país o alguien, se identifica el enemigo y se arreglan las cosas por la fuerza, las guerras son la peor de las manifestaciones del humor social negativo, lo que provoca caídas en los mercados muy fuertes, y también marcan la inflexión del ciclo de negativo a positivo.
Los conflictos bélicos aparecen en ciclos de largo plazo y no de corto porque son la manifestación de exageración de negativismo en su máxima expresión.
Extraído del libro El poder de los mercados, de Roberto Ruarte (editorial Turmalina)
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