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Los precios de los futuros de los commodities de alimentos benefician a Latinoamérica

[20 ene 2011] Research for Traders   SUSCRIBIRSE

Este año el mundo se enfrenta con un problema radical: el aumento de precios en los alimentos y su repercusión en la calidad de vida de los países pobres.

La evolución de los precios mundiales de los commodities agrícolas ha sido muy pronunciada en el último semestre: el trigo subió 35%, la soja 39% y el maíz 67%.

Si bien los precios de alimentos atentan contra los países pobres no productores, por otro lado benefician a Latinoamérica en general, dado su carácter de productor y exportador neto.

Dado al crecimiento en la demanda, debido el aumento en la población y al cambio en los hábitos alimenticios, los mercados son muy susceptibles a los shocks de la oferta, tal como ha estado pasando en los últimos años tras diversos desastres ecológicos. Como consecuencia, los precios mundiales de los alimentos han alcanzado niveles anteriores a la crisis de 2008. Según el Índice de Precios de las Organizaciones Agrícolas de Naciones Unidas, los precios se incrementaron un 32% durante el segundo semestre de 2010.

El aumento generalizado de todos los mercados financieros, con una profundización en los commodities, llevó al precio de los alimentos a niveles récords. Al incremento del 2010 se le sumó un shock de oferta (bajas en la producción, debido a problemas climáticos) en los principales países productores agrícolas, que amplió aún más el alza.

En el 2010 vimos que algunos países emergentes como Tailandia, Corea del Sur y China han comenzado a subir sus tasas de interés de referencia con el objetivo de mitigar los problemas de inflación que ello ocasiona. Brasil e India seguramente lo harán a la brevedad.

El peligro en países pobres y emergentes está latente, ya que gran parte de sus poblaciones destina entre un 70% y 80% de sus salarios a cubrir sus necesidades básicas para la subsistencia: alimentación y techo, en ese orden. El aumento desmedido de precios atenta contra el nivel de vida de todos los individuos pero principalmente de los estratos más pobres, e incrementa el porcentaje de indigentes en dichas regiones en desarrollo.

Las condiciones climáticas desfavorables en los países productores, como las sequías en América del Sur y Rusia, el frío en el hemisferio norte o las inundaciones sufridas en Australia, Canadá e India, llevaron a que los cultivos no tengan los rendimientos deseados. Por lo tanto, se está experimentando una escasez de alimentos a nivel mundial.

Las sequías de Argentina y Brasil, los dos mayores productores de maíz y soja después de los EE.UU., y el crecimiento de los países en desarrollo, puede empujar los precios de alimentos al alza. Por otro lado, el crecimiento de China ha impulsado notablemente la demanda de azúcar y soja.

En los países desarrollados, las reservas de cereales se reducirán 25%, para mantener constantes los niveles de consumo. Para 2011, el Departamento de Agricultura de EE.UU., espera que la inflación de alimentos se ubique entre el 2% y 3%.

Cabe destacar que los países desarrollados son consumidores de alimentos y materias primas, y no productores. Los precios más altos pueden causar un aumento general del impuesto inflacionario. En Europa, este impuesto regresivo se suma a la presión que se ejerce sobre el poder adquisitivo la reducción del déficit fiscal. Además, la demanda europea de alimentos es insignificante en la fijación de precios.

El sobrecalentamiento de las economías de los países emergentes, principalmente de China, representa una gran amenaza para los mercados. Estos países diseñarán sus políticas con el objetivo de reducir la presión inflacionaria a través de una desaceleración de la economía, por lo que la inflación de los alimentos es un problema importantes. Ante este escenario, no sería sorprendente ver una mayor volatilidad en Europa e incluso en EE.UU.

En el caso de Argentina (según fuentes privadas), los productos básicos registraron un incremento de precios del 33% en todo el año y, en diciembre, un hogar integrado por un matrimonio joven y dos niños necesitó un ingreso de por lo menos 1122,30 pesos argentinos para acceder a esos productos, cuyo valor (en conjunto) marca el umbral de la indigencia. Si se miden los valores por persona, un adulto varón habitante del área metropolitana necesita por lo menos 363,2 para acceder a la canasta básica de alimentos, y un mínimo de 671,8 para el conjunto ampliado de productos básicos.

En conclusión, el impacto inflacionario es más claro, y golpea más fuertemente, en los países en vías de desarrollo, donde la demanda de alimentos representa una porción mayor del ingreso. La principal consecuencia de este proceso es la restricción al acceso a la canasta de consumo habitual, lo que evidencia un deterioro de las condiciones de vida de los habitantes de estas naciones incluso en un aumento de la pobreza.

Las bolsas internacionales no estarán exentas a esta situación ya que los problemas inflacionarios podrían repercutir directamente en las plazas de los países más afectados.

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